Mono y Tonto

Nos ha tocado vivir una época extraña. Un mundo loco.

Lo de Vinicius Jr. , el jugador del Madrid, está en boca de todos y llena páginas de periódicos y minutos de noticias televisivas.

Y horas de debates, y miles de memes…

Pero no he visto a nadie reflexionar sobre algo que a mí me preocupa bastante.

Y no me refiero al racismo, que también. Es un tema que está tan claro que no hace falta añadir gran cosa.

No está bien, y punto.

Lo que yo veo en este caso es más de un problema.

Están infiltrados, no llaman la atención de lo acostumbrados que estamos.

Infiltrado nº 1: el insulto.

Todo el mundo insulta en los estadios. Sin parar.

Y además parece que hay insultos de primera y de segunda.

Mono es un insulto de primera. T0nto o hijo de fruta son insultos de segunda, inofensivos, inocentes.

Al insultado, el señorito Vinicius Jr., le han cazado las cámaras haciendo lo propio a árbitros, rivales y público con las siguientes lindezas, que distorsiono convenientemente por si el algoritmo ya tu sabes:

  • ¡Vete a tomar por cul0, hijo de fruta! (al árbitro Munuera Montero, en un partido contra el Osasuna, febrero de 2023)
  • ¡Has sido tú, hijo de fruta! (al aficionado del Valencia que le hizo el gesto del mono. mayo 2023)
  • ¿Eres t0nt0? (a un periodista tras el partido del Valencia, mayo 2023)
  • ¡Cómo vais a ganar la copa, si sois un equipo pequeño! (a los jugadores del Osasuna, bajando al túnel de vestuarios en el descanso de la copa del Rey 2023)

¡Vaya!

¡Qué bonito, señorito!

Respeto.

Es lo primero que se necesita para detener este problema.

Que nadie llame a nadie mono. Ni t0nt0. Ni equipo pequeño, ni hijo de fruta, ni nada que se le parezca.

¿Te dicen mono? No devuelvas el insulto, ya hemos visto dónde acaba eso.

¿No te gusta la pregunta del periodista? No le insultes, con no responder es suficiente.

¿Te ha expulsado por dar un golpe a un rival? No salgas del campo deseando que el Valencia baje a segunda, haciendo gestos con las manos.

Porque, entre otras cosas, estás cargando el ambiente para que vuelva a suceder lo mismo —o peor— en el siguiente partido.

Porque no hay respeto en esta sociedad. Y a un insulto le sigue otro, y al cabo de muchos partidos, la cosa se desmadra.

Cuando el árbitro le expulsó por dar un golpe a un rival, el señorito corrió al árbitro para decirle «¡es que me estaban agarrando del cuello!».

¿Y hacía falta golpearle? ¿no podías apartarte e irte?

Esto lo veo mucho: justificamos la violencia vengativa.

Me insultan, insulto; me pegan, pego.

Pues hay otras opciones.

¿Te insultan? Ni caso.

O mejor: metes un gol por la escuadra de chilena, y lo celebras haciendo el mono. Eso sería genial, además de divertido, y dudo mucho que volvieran a llamarte mono en ningún estadio, sobre todo si lo repites unas cuantas veces.

Y eso me lleva al segundo asunto escondido, el infiltrado nº 2: no muerdas el anzuelo.

Los aficionados saben que estás pendiente de sus insultos, y lo hacen para descentrarte.

Los rivales saben que eres reactivo, y te buscan.

Si haces lo que esperan, pierdes la iniciativa, el liderazgo.

Acabas en la caseta, expulsado, o juegas mal porque estás a otra cosa.

Ellos ganan, tú pierdes.

Hablemos de un Señor, señorito Vinicius. Se trata de un tal Michael Jordan, seguro que te suena.

En la NBA nadie se atrevía ni a hacerle trash talking (hablar sucio), algo muy típico en los jugadores americanos, para descentrar al rival, al que están acostumbrados.

Pero hacérselo a Jordan significaba automáticamente perder el partido sin remedio. Michael hacía un gesto con la cabeza, agarraba el balón y te metía 40 puntos seguidos, robándote el balón y taponándote para que tú no metieras ni uno.

Pasó unas cuantas veces hasta que los rivales lo entendieron. No se atrevían ni a mirarle mal.

Dikembe Mutombo, por ejemplo, intentó ponerle nervioso en mitad de un tiro libre con un poco de trash talking, y Jordan le sonrió y le dijo «Hey Mutombo, este es para ti, baby».

Acto seguido cerró los ojos y metió el tiro libre. Muerto de risa, claro.

Mi conclusión, por lo tanto, es que todo el mundo ha actuado mal aquí.

Jugadores, público, dirigentes…

El verdadero problema es la falta de respeto y la reactividad.

Sólo ven el problema del racismo, pero hay más detrás de todo esto.

No le veo arreglo mientras no pongamos el foco en lo fundamental.

Me parece algo tan importante que le voy a dedicar otro artículo a este problema.

Aunque me llamen t0nt0.

PD: piensa en cómo hacer un Jordan la próxima vez que te falten al respeto.

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