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Pasta y Tipos, segunda parte

¡No se te ocurra votar!

Después de haber tratado los 3 súper poderes indispensables para triunfar en la vida si te dedicas a esto del diseño, toca hablar un poco más de mentalidad y poner ejemplos reales de cosas que puedes hacer y cómo hacerlas.

Hoy leí algo en una de las newsletters a las que estoy suscrito: algo muy básico, muy tonto, pero que se me ha quedado grabado: lo contrario del miedo no es el valor, es la seguridad.

En esta vida sólo hay que ser temerario en el amor y los videojuegos.

Para todo lo demás, cuando tengas miedo, recuerda: hazlo con miedo.

—Ay, pero el miedo paraliza…

Es cierto. Paraliza. Y sólo conozco una manera de vencer esa parálisis: estudiar.

Estudia y ganarás confianza. Ganarás seguridad en tus posibilidades.

Calcula tu riesgo y cómo bajarlo al mínimo. Cuando lo hayas logrado, hazlo. Salta.

Es más fácil pasar a la acción cuando has estudiado la manera de hacer aquello que te propones de la mejor manera posible.

No hay ninguna garantía de que salga bien —la vida es dura, amiguete— pero el mundo es de los valientes.

Salta. Y si te la pegas, no te atormentes. Tendrás más suerte la próxima vez.

Si has leído el artículo anterior, habrás sentido miedo a hacer las cosas de manera diferente, a salirte del rebaño, a arriesgarte.

Los gurusetes/vendehumos/singermornings le llaman a eso «salir de la zona de confort».

Vaya.

En mi opinión, es mejor hacer la zona de confort más grande y, en un nivel superior, aprender a aceptar y estar confortable en cualquier situación (sabiduría le llaman).

Tu cerebro, que es una máquina diabólica diseñada para hacerte sentir mal sin necesidad alguna, se inventará todo tipo de excusas para que te mantengas calentito junto al fuego.

Pero tu cuerpo está diseñado para aguantar el frío. De hecho, un poco de frío aumenta las defensas y adelgaza.

Sólo tienes que estudiar cuánto frío es suficiente para no enfermar.

Estudia y lo sabrás. Y entonces podrás hacerlo. Incluso te acabará gustando.

Si te dedicas al diseño, es lo mismo.

Vamos a poner ejemplos para ayudar a explicar mejor el concepto de ampliar la zona de confort; actividades que, por supuesto, no impliquen cambiar tiempo por dinero, como ya hablamos en el anterior artículo:

  • Escribir un blog: qué quieres que te diga… es algo que sólo te puede dar alegrías.
  • Escribir un libro: ya lo he probado, puedes verlo en Amazon; aunque no lo hice por dinero —y menos mal— he aprendido unas cuantas cosas que voy a compartir contigo.
  • Diseñar una tipografía: también lo he hecho (siempre es mejor hablar desde la experiencia), aunque fue por encargo, para la Universidad del País Vasco.
  • Enseñar tipografía: ¿tú qué crees?

IMPORTANTE: si pudiera viajar en el tiempo y reemplazar a mi yo del pasado (con su cuerpo pero con lo que sé ahora), no haría las cosas como las hice. Ni de coña. Voy a darte las dos versiones pero intenta hacer lo que haría yo hoy, no lo que hice entonces.

Escribir un blog

Para mí este blog, hace 9 años, era un experimento. Mis objetivos eran, pobre de mí: poder poner en práctica los conocimientos de SEO y Marketing Digital que estaba estudiando (conseguido), conseguir publicar el libro (conseguido) y hacerme famoso en el mundillo (fracaso, y menos mal).

En aquel momento no tenía la perspectiva completa, y aunque no me arrepiento de nada, desaproveché la energía de los primeros años enfocándome a objetivos incorrectos: aquellos que tengan que ver con el EGO.

Creo que es mucho más sano hacer un blog para ganar pasta (plata, dinero, parné) que para conseguir tonterías como fama, seguidores, prestigio, etc.

Si volviera a empezar ahora, sólo mantendría el primer objetivo: poner en práctica y probar lo aprendido en Marketing Digital. El resto es… algo que yo hice para aprender una lección.

Hoy por hoy tampoco publicaría el libro tal y como lo hice, pero te lo explicaré en el siguiente apartado.

Ahora mismo lo que haría es enfocarme en la captación de mails y en la creación de productos digitales para venderlos en el blog.

Escribo estas líneas el 1 de noviembre de 2021. Esto es importante porque si me lees dentro de un año verás que ya estoy aplicando algunas cosas de las que hablo.

Escribir un libro

Permite que insista: en 2016 tenía sentido en mi carrera.

Lo necesitaba para mi trabajo, así que lo hice; no me importaba ganar dinero, ni dedicarle tiempo al proyecto.

Además, mi EGO quería. Me hizo pensar que lo necesitaba.

Basura.

Un libro nunca es una buena idea.

Como lo lees.

Booooom!!!

—Este tío está loco

Puede que sí, puede que no. Te explico mi punto de vista, basado en mi propia experiencia:

Escribí un libro de 250 páginas, ilustrado por mí mismo. Mucho trabajo. Meses encerrado, haciendo vida de monje. Años de estudio dedicados a descubrir todo lo que expliqué allí.

Se vende a 21€ en Amazon.

De ese PVP, Hacienda se queda 1€ (impuestos). Hay 20€ a repartir de la siguiente manera:

Amazon debe quedarse unos 6 o 7€, aunque pueden ser más, en función del trato con la distribuidora. Entre ambos se quedan unos 12-14€, calculando el promedio habitual de la industria (entre un 55 y un 65%).

La editorial, que maquetó, imprimió y encuadernó los libros, otros 6 o 7€ (30-35%).

El autor… entre 1,5 y 2€ (7-10%). Salvo que seas Gabriel García Márquez, claro. Y no sé tú, pero yo no lo soy.

En este reparto que te estoy contando, el que más trabaja es el que menos cobra.

La editorial, que es la segunda que más trabaja, cobra el triple que el autor (a veces más). Nada que objetar, creo que ganan una cantidad más justa, pero por debajo de su aportación de valor. También deberían ganar más.

Creo que está claro dónde está el problema. Y también que yo no voy a poder cambiar ese esquema de reparto de la riqueza.

Pero sí tengo la libertad de decidir si entro en su juego o creo uno nuevo, con mis reglas.

MORALEJA: no escribas un libro para ganar dinero. En el mejor de los casos, sólo harás que otros ganen dinero sin aportar valor.

Y digo «en el mejor de los casos» porque puedes encontrarte que, después de meses de duro trabajo, nadie quiere tu libro.

MORALEJA 2: no produzcas antes de saber si hay un público para tu producto/servicio. Y he dicho SABER, no intuir ni sospechar, ni anhelar, ni desear… SA-BER.

MORALEJA 3: si has visto que sabes hacer que tus clientes hagan dinero, hazlo tú.

Yo he hecho que algunos de mis clientes, cuando era freelance, ganaran mucho dinero.

En aquel tiempo presumía de ello. Menudo gilipollas idiota.

He llegado a poner precio a productos, decidir estrategias, crear marcas… sabiendo hacer dinero, hice que fuera otro el que lo ganara.

Ya no me apetece hacer eso más.

Me di cuenta de lo que diferenciaba a mi cliente, el que ganaba la pasta, de mí:

El valor. Ellos hacen las cosas con miedo. Pero las hacen.

Nosotros, los que nos dedicamos a crear marcas, productos y servicios de la nada, no.

Ca-ca.

Mi próximo libro será diferente. Ya lo verás. Pronto.

Y lo mejor: se lo voy a explicar con todo detalle a los amiguetes que estén suscritos a mi newsletter.

También se lo ofreceré en exclusiva, antes que a nadie, y más barato.

Aquí, no.

En la newsletter.

Diseñar una tipografía

Otra actividad maravillosa, súper interesante y enriquecedora.

Peeeeeeeeero…

Siempre hay un pero.

Verás, no es lo mismo hacer una tipografía por encargo que poner una tipografía a la venta en el universo retail.

Yo sólo he hecho una tipografía, y fue por encargo.

Jamás de los jamases haría una tipografía retail. JA-MÁS.

¿Quieres saber por qué?

  1. Porque no soy Eduardo Manso, Laura Meseguer o Jordi Embodas. Y al paso que voy, nunca lo seré.
  2. Porque sigo a rajatabla la moraleja 2

Efectivamente, hacer una tipografía es complejo, más si es una familia con múltiples variantes y pesos. Se te puede ir un año fácilmente. Y dos, también.

Y después de un año encerrado, y sangrando por los ojos, puedes encontrarte que… Oh! nadie quiere lo tuyo.

Ca-ca. De las gordas.

Por encargo, sí. Todas las tipos que quieras.

Retail, no.

Interludio: hay una fundición, FutureFonts, que comercializa tipografías en proceso. Es bien interesante, es un modelo que, de popularizarse, nos permitiría tomar el pulso del mercado y valorar si merece la pena terminar un proyecto o no. Subes el prototipo, si lo compran, lo terminas. Bravo.

Aunque si hablamos de dinero, mi primera vez también fue una ruina, económicamente hablando.

De nuevo, lo hice porque surgió, porque me apetecía y porque me serviría para mi trabajo.

Es una historia interesante, de hecho. Una mezcla de suerte y acierto muy habitual en los proyectos que acaban bien.

Pero este artículo me está quedando demasiado largo, y te la contaré otro día.

En la newsletter, te apuntas aquí abajo:

Enseñar tipografía

La formación es otro modelo de negocio interesante.

Al menos, la variante asíncrona.

(Abro paréntesis:

La formación online síncrona es aquella que contiene actividades que se hacen en directo y por todos los participantes a la vez: videoconferencias, chats, pizarras y pantallas compartidas, etc. Puede grabarse para consultas posteriores, pero requiere tu presencia en directo.

La formación asíncrona es lo contrario: todo está grabado y cada participante puede ver y trabajar cuando pueda/quiera. No requiere tu presencia.

Cierro paréntesis)

Ya hemos hablado de los inconvenientes de cambiar tiempo por dinero, de modo que no insistiré.

La formación online asíncrona es muy interesante: grabas las clases, preparas materiales y ejercicios, y corriges/das feedback en diferido, cuando a ti te viene bien.

Yo sólo he probado la variante síncrona, y está bien, pero bloquea espacios en tu agenda, te resta libertad para planear tus días, por eso me interesa más probar la asíncrona.

Espera, mis poderes telepáticos detectan algo:

—Pero si yo no sé tanto como para dar clases…

Bueno, empieza por probar otros productos antes de dar ese salto. Llevar un blog es como estudiar un máster. Puedes ir recopilando información en pequeños ebooks y aprender a venderlos, ir progresando poco a poco.

Puedes diseñar plantillas, empaquetar servicios y venderlos como productos, mil cosas.

Sólo te he enseñado cosas que yo he hecho, cómo las veo ahora y cómo las haría en un futuro. Pero hay miles de opciones por probar, algunas perfectas para ti.

También debo avisarte de un tipo de auto-sabotaje muy frecuente en mis alumnos cuando les animo y empujo a hacer más grande su zona de confort: el síndrome del impostor.

El miedo hace que tu cerebro se invente excusas para no cambiar. Las más habituales son:

  1. hacerte creer que no tienes la suficiente preparación para empezar, y que debes estudiar más
  2. hacerte creer que el producto aún no está listo para vender, y que debes trabajarlo más
  3. hacerte creer que nadie comprará lo que vendes (éste es realmente jodido), y que debes seguir como hasta ahora y no hacer nada

En realidad, aunque parezcan argumentos, sólo son sesgos, creencias auto-limitantes, que no están basadas en datos ni observaciones reales.

No hay nada como una buena dosis de realidad para quitarte la tontería.

Sal ahí fuera y empieza a vender desde el minuto 1.

Requiere valor y preparación (en ventas), de ahí que te lo recomendara en el capítulo anterior.

Para terminar, insisto con la moraleja 2: no es buena idea lanzar un curso (ni otro producto) sin saber antes qué respuesta tendrá.

Espera, espera, mi sentido arácnido ataca de nuevo:

—¿Pero cómo demonios voy a saber yo si un libro se venderá, si una tipografía triunfará y si un curso tendrá alumnos de pago suficientes?

La respuesta, en el próximo capítulo.

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