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Descubre los 10 mejores libros sobre tipografía

Visto el éxito de la entrada sobre los 10 mejores libros sobre caligrafía me veo en la obligación moral de hacer unas cuantas listas más sobre los libros imprescindibles para entender la tipografía como disciplina. Voy a comenzar por una recopilación de los mejores textos sobre tipografía, desde una perspectiva amplia, y seguiré con otras listas sobre especialidades más concretas: diseño de tipos, composición, etc.. Cuando termine las sumaré en una mega-entrada.

Este listado es de mis 10 libros sobre tipografía favoritos, se trata de los libros que más información útil me han aportado o que más me han hecho pensar, en definitiva los que más me han marcado—sin ningún orden en particular—:

  1. El trazo; teoría de la escritura, de Gerrit Noordzij: este libro repite porque también estaba en la lista de libros sobre caligrafía pero es que Noordzij habla de escritura, tanto le da si es manual o prefabricada. Es brutal, una sacudida a tu cerebro, de hecho cualquier libro de Noordzij es interesante, pero los demás son difíciles de encontrar (a mí me encanta Letterletter pero está a un precio imposible):

     

  2. The Elements of Typographic Style de Robert Bringhurst: absolutamente indispensableen español está agotadísimo (escribo esto en  julio de 2013, de modo que puede haber salido ya a la venta):
    The Elements of Typographic Style

    Foto de davekellam

     

  3. Manual de tipografía, del plomo a la era digital, de José Luis Martín y Montse Mas, perfecto para los que empiezan, una guía completa que cubre desde los contenidos más básicos hasta secretos de composición:
    Manual de tipografía

    Foto de Campgràfic

     

  4. The Complete Manual of Typography, de James Felici, un manual técnico que me ayudó a entender cómo funciona la tipografía:
    The Complete Manual of Typography

    Foto de Adobe Press

     

  5. ¿Qué ocurre mientras lees? Un libro de mi admirado Gerard Unger, otro de los que te hacen pensar.

     

  6. 22 consejos sobre tipografía. Un librito de Enric Jardí, sabroso, divertido e instructivo. Especialmente pensado para principiantes y para los que nos creemos que lo sabemos todo:
    22 consejos sobre tipografía

    Foto de Squain

     

  7. Otl Aicher; tipografía. De Otl Aicher, otro de los grandes que más me ha hecho pensar. Si levantara la cabeza me regañaría mucho por los argumentos que defiendo, pero en parte es culpa suya que yo tenga criterio propio:
    Tipografía, Otl Aicher

    Foto de Campgràfic

     

  8. Compendio para alfabetos. De Karl Gerstner, él me hizo entender el diseño como un sistema (memorable también su otro libro, Diseñar programas, agotadísimo también):
    Compendio para alfabetos

    Foto de Gustavo Gili

     

  9. Pensar con tipos: una guía clave para estudiantes, diseñadores, editores y escritores. De Ellen Lupton. Una absoluta delicia (menos la portada, prefiero la original cien veces), inspirador, diferente, esta mujer debe ser una profesora impresionante:
    Pensar con tipos

    Foto de Gustavo Gili

     

  10. Diccionario de edición, tipografía y artes gráficas, de José Martínez de Sousa. Es un libro de cabecera, te resultará útil cuando tengas dudas terminológicas, no recuerdes el nombre de tal o cual parte de una letra, una técnica de imrpesión, etc. Indispensable:
    Diccionario de edición, tipografía y artes gráficas

    Foto de Amazon

     

Ya sabes, hay muchos más libros, sólo tienes que añadir tus favoritos en los comentarios para que los que aterricen aquí dentro de un mes o de un año encuentren una selección lo más completa posible.

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Veo tipografía por todas partes

En ocasiones veo tipos

«En ocasiones veo muertos«, decía Cole, el niño de la película El sexto sentido, con una cara que no se me olvidará jamás. Pues bien, a mí me pasa algo parecido: veo tipografía por todas partes. ¿Es grave, doctor?

La última vez fue el pasado lunes 24 de junio, día de San Juan y día grande de las Hogueras, a fiesta por excelencia de la ciudad de Alicante, donde vivo desde hace 31 años mucho tiempo. Estábamos disfrutando de la última mascletà del concurso de este año (2013) y tras la traca final no se me ocurrió otra cosa que pensar: «esto es tipografía pura, tengo que escribir algo en el blog para explicarlo«. Echa un vistazo a este vídeo casero para hacerte una idea:

Disparada por la pirotecnia Martí, de Onda (Castellón); 150 kilogramos de pólvora puestos al servicio del espectáculo, que duró 7,18 minutos.

Vale, soy un friki. Admitido. Y ahora déjame que te lo explique, a lo mejor hasta te hace gracia: siempre utilizo analogías cotidianas para explicar conceptors tipográficos. Por ejemplo comparo elegir la ropa que te pones cada día con la elección de las tipografías para un trabajo, o el contraste tipográfico con los ingredientes de una paella. Ríete si quieres pero los alumnos lo entienden.

¿Qué tienen en común la tipografía, la ropa, la comida y las mascletades? en todos los casos se trabaja con elementos prefabricados y combinables entre sí. Las letras, las prendas de vestir, los ingredientes y los petardos ya están hechos y tu trabajo consiste en elegir los adecuados, combinarlos y establecer un ritmo y una harmonía que hagan interesante, atractivo o comestible el resultado.

En la mascletà del lunes el ritmo y la potencia fue subiendo como manda la tradición, pero lo que la hizo especial fue los descansos, las pausas entre series, el breve silencio antes del estallido final… fue sublime. Casi como una melodía de rock progresivo. Los que no sois de esta zona quizás os cueste entenderlo porque desde fuera es una costumbre bárbara, pero os aseguro que se le coge el gustillo rápido y se entiende por qué nos gustan tanto los petardos y las tracas.

Te pongo otro ejemplo que entenderá más gente: todo el mundo sabe que una paella o una tortilla de patatas no necesita 20 ingredientes para estar buena. De hecho suelen ser dos, a lo sumo tres, las combinaciones ganadoras. Pero luego hacen un cartel y usan 6 tipografías distintas… es muy difícil hacer un buen cartel con 6 tipografía. No es imposible pero es mejor empezar por el principio.

En la mascletà no se usaron petardos distintos a los de otros días, ni de más variedad. ¿Qué fue lo que cambió?

Venga, piensa un poco…

Un poco más…

Venga, que tú puedes…

tic tac

tic tac

Vale, vale, ya paro con la tontería. La respuesta es:

tic tac

tic tac

Venga ahora sí:

EL SILENCIO. EL VACÍO. LA PAUSA. LA NADA.

Efectivamente, eso es exactamente lo que maneja un diseñador, un cocinero, un músico y un pirotécnico: la elección de los ingredientes y el vacío que los relaciona. Eso es tipografía, el control del vacío. No me he metido en una secta Zen ni nada parecido, es que después de mucho tiempo es la conclusión que saco —a lo mejor debería aprender a cocinar— y cada vez soy más sensible al vacío. El otro día disfruté mucho del silencio entre tracas. Sólo quería compartirlo contigo.

Si tú también ves tipografía por todas partes te animo a que lo compartas aquí y nos cuentes dónde. Gracias por leerme.

 

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Cómo calcular el precio de tu tipografía

dinero, precio

Llevamos un tiempo debatiendo sobre este asunto en una lista de distribución sobre tipografía en la que participo; en ella hay de todo, desde gente joven a los mejores diseñadores de tipos del país. Es una suerte poder discutir amable y tranquilamente con gente tan válida y de intereses y procedencias tan variados. Es hora de mojarme… esto es lo que he aprendido de la conversación con mis colegas sobre cómo ponerle precio a tu tipografía (puedes aplicarlo también a otros productos de diseño):

Averigua cuánto —o qué— quieres ganar con tu tipografía

Este es el primer paso: debes ponerte objetivos. Estos varían mucho dependiendo del nivel y la experiencia del autor, no es lo mismo ser un diseñador joven y poco conocido que un Balius o un Manso. Ellos viven de la tipografía con lo que deben pagar sus facturas. Se ponen una cifra y deciden el precio en función de ese objetivo.

También hay diseñadores que compaginan su trabajo de diseño en un estudio con su faceta nocturna como creadores de tipografía, como es el caso de Josep Patau o Jordi Embodas; en su caso se marcan objetivos más modestos pues no dependen al 100% de los ingresos que les generan las ventas de sus productos. Suelen fijarse una cifra de 5.000€ por proyecto como ellos mismos explican sin complejos.

Tanto unos como otros ponen precios parecidos a sus trabajos, precios de mercado si quieres llamarles así —aunque me parece imposible hablar de algo así a estas alturas— y la diferencia de ingresos se produce gracias al número de liciencias que venden. Para que te hagas una idea, una familia puede costar 250€ y las distribuidoras suelen quedarse el 50% lo que te obliga a vender 40 licencias para generar 10.000€ en ventas y conseguir tu  mitad (5.000€). Vender más está al alcance de muy pocos.

Volvamos al primer grupo que es el más numeroso —y el que me da de comer—: gente joven, con estudios de diseño recién terminados, la ilusión intacta a pesar del gobierno, ganas de comerse el mundo y una estrella en la frente como diría Rubén Darío. En este caso ganar dinero con su primer proyecto puede no ser el objetivo (aunque hay excepciones) de modo que es lógico plantearse regalar la tipografía para obtener otras cosas tan importantes como el dinero como recibir tráfico a su portafolio y darse a conocer a futuros clientes o colaboradores. En ese caso el precio es 0, pero ojo, no cometas el error de no pedir nada a cambio: para descargar tu tipografía puedes exigir una dirección de correo electrónico o un compartir en Facebook/Twitter. En el primer caso conseguirás una base de datos de gente interesada en el tema para poder ofertarles futuros proyectos (email marketing) y en el segundo obtendrás una difusión viral.

Decide qué público quieres que use tu tipografía

Seguramente ya lo sabrás si lo has pensado al hacer la tipografía, aunque muchas veces se hace por puro capricho —o para pasarlo bien— pero es fundamental saber a quién te diriges para casi todo: desde el precio hasta el lenguaje que debes usar, los canales de comunicación que van a ser más eficaces… todo.

No es lo mismo querer que tu tipografía la usen miles de personas y que esté en un montón de webs que aspirar a que la compren un selecto grupo de expertos diseñadores que van a hacer maravillas con ella. Si quieres que tu tipografía sea un producto de masas debes optar por un precio bajo o por regalarla y si quieres restringirte al mercado profesional debes poner un precio de mercado. Obviamente los buenos diseñadores no sólo compran tipos caros pero sí te puedo asegurar que la gente de a pie sólo descarga gratis o con precios que no supongan una barrera (máximo 5€).

Una vez tendas claro tu público objetivo averigua qué está acostumbrado a pagar para poder decidir entre copiar el precio de mercado o trabajar por debajo. Ahora mismo los precios están bajando en picado debido al exceso de oferta, y la web de MyFonts se está convirtiendo en un gran almacen en perpetuas rebajas (si visitas la sección Hot News podrás comprobar que casi todas tienen descuentos salvajes). Su principal competidor, FontShop, se mantiene con una política clásica de precios altos y un público profesional (y norteño). También están los diseñadores que se mantienen alejados de las distribuidoras como Hoefler & Frere-Jones (unos máquinas).

Piensa cómo distribuir tu trabajo

Aquí me refiero a una elección fundamental: ¿vas a vender a través de una distribuidora o directamente desde tu web? Lo habitual —que no siempre es lo indicado— es ponerlas a la venta en FontShop o en MyFonts porque generan mucho tráfico y se tiene la impresión de no tienes que preocuparte por el marketing. A mí me parece un error para la gente que empieza por varias razones:

  1. Al final sí que tienes que ocuparte del marketing: no es fácil mantener tu trabajo en lo alto de las listas, lo que te obliga a invertir tiempo en difusión en redes sociales (tendrás que ser tu propio community manager) y decidir políticas de precios (descuentos y demás), con lo que mejor trabajas al 100% para ti y te quedas el 100% de lo que vendas.
  2. Tendrás que vender el doble para llegar a tu objetivo (por si no era lo suficientemente difícil)
  3. Si eres joven tendrás el mismo problema que hemos tenido todos: nadie te conoce. La mejor manera que existe para remediarlo es regalar contenidos para atraer visitas. ¿Me conocías la semana pasada? Monta un blog, un portafolio digital, una web personal, una tienda, lo que sea, pero que sea tuya y que sea de verdad. Algo como lo que ha hecho mi amigo Juanjo. Matarás dos pájaros de un tiro, porque lo mismo no vendes la tipo pero te encargan un logo o te compran una camiseta.

Si pasas de vender y optas por regalar el consejo es el mismo: huye de FontSquirrel y demás plataformas, tendrás menos descargas pero las podrás analizar. Google Fonts es otra historia, ahora te cuento.

Algunas inercias que puedes probar a romper

Siempre les digo a mis alumnos lo mismo: » inercia caca». No se trata de romper reglas ni tonterías similares, se trata de mostrar a tu público cuál es tu intención, tu historia. Hacer lo mismo que los demás no muestra nada que merezca la pena comprar. Hacer lo mismo que se hacía antes es el camino más rápido hacia la bancarrota. Si aplicamos esta filosofía al precio de una tipografía hay varias tradiciones o inercias que deberíamos empezar a reconsiderar/romper:

  1. El precio depende del valor del producto; vale, hasta aquí correcto, pero hay un problema: el valor cambia de un cliente a otro. No es lo mismo que te compre una licencia un banco que una peluquería de barrio. Prueba algo distinto (sigue leyendo).
  2. Un producto digital, al no ser algo físico, es muy difícil de valorar, de modo que funcionamos por comparación, lo que sitúa a una tipografía, un producto complejo que puede llevarte fácil un año de trabajo, en la categoría del eBook. Eso significa precios a la baja que rondan los 3-5€ por peso o 20-25 la familia. Si quieres vender por encima tendrás que conseguir compararte con otra cosa.
  3. Si pones un precio de 20€ parecerás caro, pero si creas varios precios, por ejemplo un peso por 20€ y 4 por 50€ logras llevar la discusión a tu terreno y de repente 50€ ya no te parece tan caro. Acabas de subir el precio por peso a 12,5€. Puedes jugar con las cifras a tu gusto.
  4. Conclusión: no tienes por qué ponerle un precio único a tu producto como se hacía hasta ahora. Eso sí, no le pongas más de 3 que tu cliente se volverá loco.
  5. Incluso puedes dejarle que elija el precio mediante una donación o un paga-lo-que-quieras. Realmente funciona.
  6. Otra inercia es que tu cliente debe pagarte directamente, pero hay otras opciones: Google Fonts está comprando fuentes a 5.000$ para luego regalarlas en su plataforma. De nuevo es una opción de ganar dinero y cubrir gastos sin tener que pedirle pasta al cliente final. Piénsatelo, es otra opción.

El debate está abierto

Después de todo este análisis aún recuerdo que la conversación en la lista sacó de manera insistente varias cuestiones a la luz: el problema de los precios a la baja, el riesgo de que la estrategia de bajo coste se convierta en pan para hoy pan para mañana, la relación entre precio-valor (o sea, que vender barato es valorar poco tu trabajo), las cuestiones éticas y morales (piratería y demás), etc. Te animo a que participes en los comentarios y podamos seguir la discusión, que en mi opinión es muy interesante.

Yo lo voy a dejar aquí, más que nada porque los las 3:16 de la madrugada del viernes y mañana a las 7 mis hijas me van a sacar de la cama para que les ponga Dora la Exploradora. Intentaré llevarlas a la playa porque el moreno pantalla no me favorece. Gracias por leerme.

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Tendencias y buenas prácticas en tipografía web

tendencias Smashing Magazine es uno de los sitios de referencia a nivel mundial en materia de diseño, realmente te lo recomiendo. Hace poco publicaron un estudio hecho entre 50 webs destacadas por su cuidado y su contenido para deducir cuáles eran las tendencias y buenas prácticas de los diseñadores responsables de cada proyecto. Lo interesante es que lo han podido comparar con otro estudio similar que hicieron en 2009. A continuación os sintetizo —y en la lengua del imperio para que no tengáis problemas— las conclusiones más destacadas para que podáis ir probándolas en vuestros proyectos:

¿Romana o palo seco?

Ah, la eterna pregunta del principiante… a la que solemos responder con el siempre socorrido «depende». Pues bien, si quieres salir de dudas, veamos lo que hacen los grandes:

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La disputa anda bastante más apretada que en 2009 cuando el dominio del palo seco era abrumador. De hecho las romanas se están imponiendo para cuerpos de lectura mientras se reparten protagonismo en los titulares. Al final volvemos a los clásicos… pero, ¿a qué se deberá este retorno a los orígenes? Sospecho que detrás de todo esto está la evolución de las webfonts y la enorme oferta que existe ahora; hace 4 años era más difícil poder usar tipografías de pago en diseño web. ¡Vaya! Me acabo de dar cuenta de que estoy dentro del promedio de este estudio (uso un palo seco para titulares y una romana para cuerpo de lectura). Pero me pregunto qué hará la gente de a pié… se me ocurre consultar las estadísticas de Google Fonts, veamos cómo se reparten el cotarro entre las 10 más usadas: 8 palos secos, una romana y una caligráfica. Muy interesante también la gráfica donde se listan las familias más utilizadas: Georgia y Arial ganan de calle a cierta distancia de la Helvética que se mantiene en el podio; pierden puestos a toda pastilla Verdana y Lúcida, mientras la parrilla se llena de webfonts… la verdad es que no me sorprende, hay tipografías muy buenas en la lista. Pero el dato que más me llama la atención es la atomización de la muestra, fíjate la cantidad de resultados que obtiene la categoría «otras». Es un reflejo de la oferta tan amplia de que disponemos los diseñadores —y que aumentará con la inclusión de Typekit en el paquete Adobe Creative Cloud—.

¿Fondo claro u oscuro?

Aquí el panorama no ha cambiado mucho, el fondo claro y las letras oscuras sigue siendo el predominante; lo que sí se aprecia en el estudio es un descenso del contraste conseguido gracias a oscurecer el blanco y aclarar el negro (justo como hago yo en el blog).

¿Qué tamaño usar?

Otra pregunta interesante: en titulares la media del estudio está en los 38 píxeles (que en pantallas normales, de baja definición, equivale a 38 puntos), 10 píxeles por encima de las muestras de 2009; yo he optado por 48px porque estoy usando una versión estrecha —condensed— y me lo estaba pidiendo a gritos para diferenciarse claramente del texto principal y de los encabezados. Mira el gráfico si quieres:

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En el cuerpo de lectura también se observa un crecimiento de 2 píxeles, hemos pasado del cuerpo 12 o 14 al 14 o 16. La explicación de este cambio es puramente técnica: los ordenadores se sitúan a mayor distancia que una publicación en papel, que se suele sujetar con las manos. Ese incremento de distancia en tipografía web se ha de compensar con un aumento del cuerpo principal, que en la mayoría de las tipografías se sitúa en 16 píxeles (es el cuerpo que uso yo). Puedes leer el artículo de Oliver Reichenstein que puso en marcha esta tendencia.

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Ten en cuenta que este tipo de consejos sirven sólo de guía, siempre tienes que evaluar el resultado y crear reglas nuevas para tu diseño. Si sigues la regla de los 16 píxeles usando Verdana no creo que te entusiasme el resultado. Cada tipografía tiene unas proporciones que te pedirán —si tienes un poco de sensibilidad y de cintura— lo que tienes que hacer, de modo que la Verdana o la Georgia las puedes componer a 14 píxeles obteniendo el mismo resultado que con una Helvética o una Times a 16. En el estudio han encontrado una proporción entre el cuerpo de lectura y titulares de 2,5 de media. Yo uso una proporción de 3 (16 px y 48px) que en mi caso creo que se lee mejor; puedes plantearte también aplicar la proporción áurea (1.618) si quieres aunque conseguirás menos contraste tipográfico. Todo depende de la selección de tus materias primas.

Interlínea

Aquí también hay un cambio respecto a las reglas que imperan en diseño editorial, que sospecho tiene el mismo fundamento que el aumento del cuerpo de texto hasta los 16 píxeles: a mayor distancia, mayor interlínea. Si al diseñar para el papel la interlínea que se considera como punto de partida es un 20% del cuerpo de texto (10/12 por ejemplo) en pantalla se recomienda un 50% (10/15); la media del estudio está en un 46% (o 1,46 por cifrarlo como se hace en HTML con la interlínea, que se establece con una etiqueta CSS llamada line-height). Yo uso esta proporción con lo que obtengo un 16/24 píxeles. Aquí me gustaría investigar un poco más porque es cierto que se agradece una interlínea generosa…

Longitud de línea

Este es otro de los datos que les suele llamar la atención a mis alumnos, que se sorprenden de que haya una regla hasta para eso. De hecho Alfredo, uno de ellos, se ha inventado una regla mnemotécnica estupenda para recordar la cifra mágica: medio twit, 70 caracteres (Bringhurst establece el promedio en 66). Sin embargo el estudio refleja que la media está en 84, quizás en un intento de mantener la proporción en el aumento de cuerpo e interlínea. A mí me parece demasiado, yo intento no pasar de 80. Por supuesto, no verás ninguna web decente con el texto justificado, al menos hasta que se solucione técnicamente la partición y justificación en todos los navegadores.

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 ¿Tipografía responsive?

Vaya con la palabreja, no hay manera de traducirla… es una técnica bastante sencilla —aunque tremendamente laboriosa— que permite hacer la maquetación relativa a un determinado espacio o resolución. Dicho de otra manera, permite tener un mismo diseño con medidas diferentes en función del dispositivo que cargue la web: si es un teléfono usará una sola columna, un cuerpo determinado y una navegación más sencilla. Si es un iMac de 27 pulgadas puedes pasar a 3 ó 4 columnas, menús desplegables, etc. Yo lo he hecho con este blog, si quieres ver cómo funciona haz la ventana de tu navegador más pequeña y verás cómo cambia el diseño (o carga el blog desde el teléfono). Un 42% de las páginas estudiadas tienen algún tipo de estrategia responsive, con lo que podrías empezar a investigar sobre el tema y plantearte aprender a hacerlo, porque no es una moda pasajera. Los tiempos están cambiando…

Conclusiones

No te tomes este artículo como un conjunto de reglas inviolables; diseñar consiste en crear reglas adecuadas a cada proyecto. Tómatelo como un punto de partida y recuerda que siempre debes hacerle más caso a tu intuición femenina —o sentido arácnido si se da el caso— que a tus profesores. De hecho, acabo de recordar un artículo genial de mi admirado Gerrit Noordzij que habla justamente sobre este problema: se titula Rule or Law (si no funciona el enlace puedes leer la versión guardada en caché por Google). Te lo recomiendo.

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Por qué los diseñadores debemos aprender a programar

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Ayer me escribió Joan Carles Casasín preguntándome si consideraba interesante publicar el curso de Python que va a impartir con Gustavo Ferreira en las jornadas Typoweek 2013. Mi respuesta fue que mi blog no publica noticias pero que lo recomendaría en redes sociales. De hecho me he quedado con las ganas de hacer el curso, como van a hacer al menos 5 ó 6 colegas y colegos a los cuales y cualas odio un poquito por ello —que lo sepan—.

Sin embargo he caído en la cuenta de que sería interesante explicar aquí por qué considero que una de las habilidades que debe tener un diseñador es la de saber programar —no hablo de ser un experto, sólo de entender cómo funciona y ser capaz de hacerte pequeñas herramientas o trabajar fluido con desarrolladores en proyectos grandes—:

  1. Debes ser capaz de personalizar tus herramientas

    Como buenos artesanos debemos ser capaces de dominar el proceso y no permitir que la herramienta nos domine a nosotros. No es lo mismo aplicar un par de filtros de Photoshop que crear un filtro nuevo a nuestra medida. Si lo extrapolas a la caligrafía seguro que lo entiendes mejor.

  2. Podrás ahorrar mucho tiempo automatizando tareas

    En tu proceso diario creas rutinas y secuencias de pasos que se pueden automatizar. Los programas de diseño ya vienen con muchos pequeños guiones —scripts— pero puedes programar los tuyos.

  3. Te prepara mejor para crear sistemas nuevos (especialmente en diseño web)

    Diseñar es, entre muchas otras cosas, crear sistemas con elementos prefabricados. Programar, escribir, caligrafiar, la tipografía… no son más que sistemas análogos que te permitirán ser mejor diseñador.

  4. Te dará autonomía

    No dependerás de un programador para tareas sencillas, podrás adelantar mucho trabajo y realizar proyectos pequeños tú solo.

  5. Te obliga a trabajar en modo virtual

    Esto, que parece una tontería, es más difícil desde que usamos computadoras que nos enseñan en todo momento cómo va a quedar el proyecto. Por eso los profes somos tan pesados y le pedimos a los alumnos que dibujen en papel (modo virtual). La programación no te deja ver el resultado mientras trabajas.

  6. (BONUS) Los programadores están aprendiendo a diseñar

    Si no espabilamos nos van a adelantar por la derecha. Lo he comprobado en un máster que dirijo, donde los alumnos con perfil técnico, que son muy aplicados, le cogen el punto muy rápido a diseñar.

¿Por dónde empezar?

El primer paso es comenzar con lenguajes descritos como el HTML (y CSS, claro) porque son súper fáciles. Una vez dominados serás capaz de hacer casi cualquier cosa con un simple WordPress. Luego vienen los lenguajes interpretados como Javascript, que te servirán para dos cosas: filigranas web y automatización de tareas en InDesign, Illustrator o Photoshop. Python pertenece a esta categoría —Java tambien pero no te lo recomiendo— y puede interesarte porque es compatible con muchos programas de diseño de tipografías como FontLab, Glyphs o RoboFont. Otra opción es PHP si te va el diseño web (estoy metido en un MOOC de desarrollo web, echa un vistazo, es gratis). Con esto creo que es suficiente pero para los que se piquen el tercer paso sería un lenguaje compilado, en mi caso me gustaría aprender Objective C para poder hacerme mis aplicaciones para iOS, claro. Si tienes curiosidad yo estoy ahora en el segundo paso y me lo paso pipa, realmente lo recomiendo.

Quizás te dé pereza pero saber programar es, junto al marketing, la disciplina a la que mayor rendimiento le puedes sacar. Si se te ocurre otra razón para aprender YA a programar, utiliza los comentarios, gracias.


Photo credits:K.lee (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons

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¿De dónde sale la inspiración para crear una tipografía?

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Hoy me gustaría responder a una de las preguntas que recogí entre los miembros de la newsletter, Alberto Arroyo, y que da título a esta entrada: ¿De dónde sale la inspiración para crear una tipografía?

Esta situación me recuerda mucho a otra que viví un día de verano paseando por el paseo marítimo de (pueblecito costero de Alicante) con mis hijas y mi mujer. Nos detuvimos en un pequeño corro que se había formado alrededor de un chico joven vestido de payaso que estaba haciendo figuritas de animales con esos globos alargados que no hay quién los hinche y que cuando lo consigues explotan. Pues bien, al osado animador de la improvisada fiesta no se le ocurrió otra cosa que preguntarle a un niño de mirada curiosa qué animal quería que le hiciera. Craso error; la respuesta del chiquillo fue la siguiente: «un elefanteeeeeee».

Si te preguntas cómo acabó la historia, te lo cuento: el tierno infante se fue a su casa muy contento con un globo azul celeste doblado en forma de caniche y el afligido jovenzuelo empozoñado de absenta decidió tomarse un descanso que se me antoja que duró hasta el día siguiente. No tengo más remedio que hacer lo mismo y contarte lo que he aprendido hasta la fecha con la esperanza de que el caniche te parezca un elefante, pero cuento con una ventaja: todo el que quiera puede dejar a continuación un comentario y enriquecer mi historia.

¡Diantre! Lo he vuelto a hacer: la introducción es más larga que el contenido y empiezo a parecerme al maestro del pequeño saltamontes… vayamos al tajo y veamos, según mi opinión, de dónde sale la inspiración para crear una tipografía:

  1. Del trabajo de otros

    No nos engañemos: lo que hacemos no dejan de ser letras, y están por todas partes; es imposible abstraerse de su influencia. Ahora con ese invento del interné es todavía peor porque entre Pinterest, Behance y los pesaos de los blogs de tipografía es más fácil empaparse de trabajos de calidad que quedan grabados en tu memoria RAM. Si no filtras bien el proceso te puede salir un coco y corres el riesgo de que te pongan a parir —partimos de la base de que no eres un caradura— de modo que te recomiendo que explicites tus referencias y escojas los conceptos con los que vas a trabajar y te aseguro que al final del proyecto te sorprenderás de lo poco que se parece a la tipografía en la que te has basado. Erik Speiekermann tiene un truco muy bueno: cuando encuentra algo realmente bueno se queda mirándolo un buen rato y después dibuja lo que recuerda de manera que sólo la esencia, aquello que funcionaba en su cabeza, se mezcló con el resto de sus influencias creando algo original. Echa un vistazo al vídeo, es muy interesante: http://vimeo.com/30008631

  2. De un boceto de tu Moleskine

    Los diseñadores somos muy pijos de manera que no sirve otra marca (en realidad se trata de la calidad del papel, se dibuja mejor en una libreta buena). Dibujar es una herramienta fantástica, cuando te concentras es como si el proceso te llevara a donde él quiere, casi te sientes obligado a satisfacerle y no paras hasta que todo encaja. Eso no sucede pensando, ni mirando el trabajo de otros. Sólo ocurre cuando HACES. Mi consejo es que aprendas y practiques caligrafía, que escribas y dibujes letras hasta que encuentres algo, y cuando encuentres la pista síguela hasta la madriguera, ladra y disfruta de la cacería. Puedes babear un poco con este libro: http://www.typetoken.net/publication/typography-sketchbooks/

  3. De un estudio del mercado

    Juraría que es la menos frecuente de todas las estrategias; consiste en estar atento a las necesidades de un sector como hizo Ale Paul al trabajar diseñando packaging y darse cuenta de que no había tipografías adecuadas, o seguir las tendencias y detectar un hueco sin cubrir, o satisfacer los anhelos de un colectivo determinado… incluso aprovechar una noticia para atraer público a tu web.

  4. Puro capricho

    Diría que es la más habitual; una imagen se cruza por tu mente y acabas pensando que por qué no. Luego hasta piensas en venderla y la gente va y la compra… hombre, la estrategia nº 3 parece más sensata porque partes de un público y unas necesidades que se deben cubrir pero a veces hay que hacer las cosas porque sí, o por diversión, o porque puedes.

  5. De un encargo

    Hay lugares en los que el diseño de tipografía es una profesión y donde hay empresas que se dedican a la tipografía corporativa. Hasta te pagan un sueldo por dibujar letras todo el día… no me refiero a Hispania desde luego, donde los encargos de este tipo son más bien escasos, aunque todo se andará. Cuando tienes un encargo todo es más fácil, recuerda si no aquellos amargos días de tu niñez en los que la profe saltaba con un «venga, redacción libre» y tú pensabas «¡Mierda! ¿sobre qué demonios escribo? Ya lo tengo, lo que he hecho el fin de semana«. El encargo establece límites y te permite colocarte en un mapa tipográfico determinado, situarte en un contexto que acelera la toma de decisiones. Yo ando metido en un proyecto de este tipo y nos lo estamos pasando pipa.

  6. De querer trufar o darle más empaque un proyecto o encargo gráfico

    [añadido el 12/5/2013 a raíz de un comentario de Marc Salinas, lo reproduzco tal cual]
    A veces, un proyecto gráfico “pide a gritos” una tipografia exclusiva. Quizan no se ha incluido en el presupuesto, quizás el cliente no te lo ha pedido, pero como profesional sabes que ese proyecto debe ser diferente, unico. Y que una tipografia a medida le dará es toque, ese sabor, ese lacito que cierra el paquete y que hace exquisito tanto para ti como para el cliente.
    Quizás el cliente ni tan solo es capaz de apreciarlo, pero da igual.
    Es probable que puedas encontrar una tipografia muy similar en cualquier fundicion tipográfica que se acerque a lo que pretendes, pero hacerla tu mismo hace que se cierre el círculo.
    Como ejemplo puedo mostrar el último proyecto de estudio. La nueva imagen gráfica del 9 veces campeón del mundo de BikeTrial, Dani comas, para el que le diseñamos una tipografia exclusiva para todo el proyecto… aunque el cliente no lo pidió: http://www.wetraphic.com/dani-comas-2/

Bueno, ahora te toca a ti, seguro que me he dejado algo. Espero tus comentarios.

Photo credit: Beni Ishaque Luthor / Foter.com / CC BY-NC-ND

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Lo que he aprendido de mi primera tipografía

Esta entrada es un post invitado. Está escrita por Pedro Arilla de modo que no tiene por qué coincidir con mis puntos de vista o mis opiniones. Por supuesto me ha parecido interesante compartirlo en Tipografía Digital:

valentina

Tú y yo somos iguales. Sí, porque en secreto soñamos ser como nuestros admirados Andreu o Pep. Sí, porque dibujamos letras con voluntariosa inocencia. Sí, porque de mayor queremos ser tipógrafos. Sí.

Y como tú y yo somos iguales, qué te parece si intercambiamos información. Eso podría ayudarnos. Empiezo yo con todo lo que aprendido en los últimos dos años gracias a Valentina (http://pedroarilla.com/es/valentina):

  1. He aprendido a diseñar una tipografía completa. Es bonito dibujar caracteres únicos, pero el verdadero reto consiste en construir un alfabeto completo. Al principio asusta, pero tranquilo: al final es mucho más trabajo del que te habías imaginado (¡sorpresa!). Y esto no es forzosamente malo, pues una vez que empieces no querrás parar nunca. Cada nuevo glifo es una nueva aventura llena de matices formales y detalles anatómicos que te harán descubrir una arquitectura oculta pero muy lógica. Esta es una carrera de fondo donde la paciencia será tu mejor virtud y en la que la meta la decides tú. ¿Mi consejo? Leer mucho, observar más y dibujarlo todo, desde la «a» a la «zeta». ¿La traducción? Diseñar una tipografía es un camino largo y tedioso, repleto de inevitables escollos teóricos y prácticos. Pero, créeme, merece la pena. Para no salir derrotado te recomiendo que para empezar te hagas con un par de libros que ayudan mucho: Cómo crear tipografías de Cristóbal Henestrosa, Laura Meseguer y José Scaglione (Tipo e) y Diseñar tipografía de Karen Cheng (Gustavo Gili); y que diseñes con una aplicación que de verdad te lo pone fácil para que te centres única y exclusivamente en diseñar tipos. Estoy hablando de Glyphs (http://glyphsapp.com).
  2. He aprendido a vender una tipografía. Cuando eres un recién llegado tu tipografía no vale nada y tienes que tomar un sinfín de decisiones que afectan al valor intrínseco de tu obra: dónde y cómo vas a distribuir tu fuente, a qué precio, con qué tipo de licencia, etc. Puedes seguir las leyes naturales, esas que dicen que el agua es incolora, inodora e insípida, o por el contrario experimentar con los modelos y las tácticas de distribución. Puede que salga mejor de lo que piensas. ¿Mi experiencia? Positiva. No puedo decir otra cosa. Decidí que Valentina se distribuyera mediante un pay-what-you-want libre que permitía a la gente descargarse mi tipografía a cualquier precio. Sí, cualquiera. De hecho se puede descargar gratuitamente debido a que es mi ópera prima pero a pesar de sus 700 horas de trabajo. Esto es un arma de doble filo con la que te puedas cortar la mano o el pan. ¿El resultado? No me da de comer, pero me ha dado de leer. Y de viajar. Y de conocer gente. Y eso es mucho para una primera tipografía. Mucho.
  3. He aprendido que quiero continuar. Valentina es una muy buena primera tipografía pero una mala tipografía. Yo lo sé y tú lo sabes. Por eso quiero continuar. Porque me lo pide el cuerpo. Quiero seguir aprendiendo, quiero seguir dibujando letras, quiero seguir experimentando y quiero seguir soñando con que algún día seré tipógrafo como Andreu o Pep. La tipografía, amigo, es droga dura.

valentina

Y tú, ¿qué has aprendido?

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Descubre a los 5 mejores diseñadores de tipografías en España

bulo y trola

A veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que vienen de fuera y nos lo enseñan. Ayer llegó a mi correo la newsletter de FontShop y ¡ZAS! me encuentro el trabajo de mi admirado Jordi Embodas junto al de la famosísima Zuzana Licko (Emigre). También estaban Eduardo Manso e Íñigo Jerez, dos diseñadores que también son ibéricos (al final he escrito España en el título porque al blog entran muchas visitas de fuera que no entienden nuestras cuitas).

Por esta misma razón, ni corto ni perezoso, me hallo con pulso firme y dispuesto a glosar las virtudes de las 5 personas que mejor le dan, en mi opinión, a esto del diseño de tipos de Pirineos para abajo y desde que usamos computadoras:

Cuán costoso ha sido decidirme por estos 5 ejemplares y dejar en la cuneta a no pocos amiguetes, pero esto del blogueo es así de duro: las listas han de ser de 5 o de 37 elementos y ¡Voto a Bríos!, la cosa no daba para tanto. Pero dense por abrazados todos los tipópatas que, como yo, hemos dedicado tantas horas de nuestro tiempo libre a dibujar letras y otros bichos de semejante pelaje; Pedro Arilla, Juánjez, Damià Rotger, Josema Urós, Íñigo Jerez, Joan Barjau, Enric Jardí, María Perez, Eduardo Herrera, Leire Fernández, Octavio Pardo, Ángel Álvarez, Chema Ribagorda, la gente de atipo, Ricardo Rousselot, Pilar Cano, Ferrán Milán, Álex Trochut, Marc Salinas y al resto de Lletraferits. Como me dejo a más de uno, me voy dando collejas por adelantado y espero vuestros recordatorios en los mensajes. Entre todos podemos armar un mapa del diseño de tipografía en nuestro país.

La imagen pertenece a las tipografías Trola y Bulo de Jordi Embodas

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Crowdfunding: consigue financiación para tu nueva tipografía

Crowdfunding

Los tiempos están cambiando. En muchas actividades comerciales ya no hace falta un intermediario para conectar a un creador con su público: puedes triunfar en la música gracias a Youtube o vender tus novelas a patadas en Amazon, por poner ejemplos que todo el mundo conoce.

Antes de que eso de internet comenzara a transformar nuestras vidas si querías comercializar un producto necesitabas la figura del distribuidor —en seguida me viene a la cabeza la imagen de un señor gordo-que-fuma-puros-con-mucha-pasta-un-mercedes-y-una-amante-normalmente-su-secretaria— que con la excusa de que tiene que jugarse su dinero (fabricar átomos es caro, hay que hacer moldes, fabricar el cacharro, embalarlo, transportarlo y venderlo en tiendas) se queda todos los derechos de explotación de tu obra a cambio de muy poco. La verdad es que se lo jugaban… bueno, no tanto porque en aquella época se vendía todo lo que salía en la tele con lo que sólo era un problema de más pasta.

Al mismo tiempo había que proteger su inversión, de ahí que nacieran los derechos de autor. Parecía lógico, incluso se llamaron copyright (copia justa podríamos traducir), pero de nuevo era cuestión de pasta, porque si tienes mucha puedes saltarte la ley a la torera si tu adversario —el autor, se entiende— no tiene para abogados caros (si quieres un ejemplo tengo una historia muy buena pero tendrá que ser otro día porque ya llevo tres párrafos y todavía no te he contado lo que quería contarte).

Pero ahora… hoy el panorama es muy distinto. Si tienes un proyecto puedes, en lugar de guardar el secreto y registrarlo y patentarlo y todo eso, vas y lo enseñas en una plataforma online como Kickstarter o Verkami y pides el dinero que necesitas para ponerlo en marcha. La gente a la que le gusta paga pequeñas cantidades a cambio de algún tipo de recompensa que tú fijas (un descuento en el pedido, participar en alguna tarea, elegir el nombre de la obra, salir en los créditos, etc.) y si en el plazo establecido alcanzas la cifra recibes el dinero. Así de fácil.

Antes: primero el producto, luego la audiencia.
Ahora: primero la audiencia, luego el producto.

Si lo aplicamos a la tipografía, resulta que en lugar de arriesgarte a pasar un año trabajando en una tipografía que no sabes si alguien va a comprar (viejo modelo) puedes enseñar tu idea y si es viable coger la pasta y encerrarte a producir (nuevo modelo). Sin intermediarios. Sin riesgo. Sin tener que registrar nada (porque no hay riesgo, tus clientes ya te han comprado). Veamos unos cuantos casos:

  1. Rare Letterpress Fonts
  2. Chatype
  3. Cristoforo
  4. Valuco
  5. Uchronia
  6. i3a
  7. Freud’s Typeface

He encontrado muchos que ofrecían liberar la tipografía en Google Fonts, o cual es aún más interesante porque si tiene éxito Google te puede encargar mas pesos (y paga 5.000$ cada uno, a veces más):

  1. Euphoria de Sabrina López. Úsala.
  2. Exo de Natanael Gama. Úsala.
  3. Fast Brush Script (ahora se llama Kaushan Script) de Pablo Impallari. Úsala.
  4. Montserrat de Julieta Ulanovsky. Úsala.
  5. Folk (ahora Londrina) de Marcelo Magalhães Pereira. Úsala.

Si te ha parecido buena idea, voy a preparar algunas lecturas sobre Marketing que todo diseñador debería conocer. Porque esto es sólo el comienzo.

Photo credit: Rocío Lara / Foter.com / CC BY-SA

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Roboto, nueva candidata a suceder a la Helvetica en diseño web (y es gratis)

Ayer tuve en mis manos un Samsung Galaxy Note y claro, lo primero que hice fue reparar lo bonita que es la tipografía que usa el sistema Android que utiliza la maquinita de marras. Entro en ajustes y vaya, sólo dice fuente por defecto o algo parecido.

Tras una breve investigación detecto que la tipografía en cuestión se llama Roboto y que está disponible en Google Fonts. Se trata, en mi opinión, de una reinterpretación de la Helvetica con cierto sabor a Univers aunque exagerando su estructura cuadrada para seguir la tendencia de estos últimos años; se lee de maravilla en pantalla y que puede serte útil para tu página web:

Su autor es Christian Robertson, de Beta Type, que trabaja para Google; al parecer se trata de un trabajo interno para sus sistemas operativos Android Ice Cream y que tiene ya algo más de un año. También me llamó la atención la tipografía de los números de la hora, que sospecho están compuestos en Doublewide, del mismo autor.

Ánimo, pruébala para tu próximo proyecto y mándame el resultado; si tiene la suficiente calidad lo añadiré a esta entrada para que la gente la vea en uso.

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