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Desafía al Status Quo y gana dinero regalando tu tipografía (el caso Valentina)

Valentina

Hace prácticamente un año Pedro Arilla, el autor del blog Don Serifa y miembro de Unos tipos duros, publicó su primera tipografía: Valentina. Lo interesante es la fórmula de venta que escogió Pedro: descarga gratuita con opción a hacer una donación voluntaria por Paypal.

Pedro y yo pertenecemos a la misma secta (y no me refiero a la de tipofílicos, que también): ambos creemos que otra manera de hacer las cosas es posible. Hace poco respondió así a un artículo sobre tipografías gratuitas publicado en Graffica. Yo participé activamente en los comentarios apoyando la causa e intentando aportar el poco sentido común que tengo a la discusión porque realmente el desafío levanta ampollas entre los miembros del Status Quo, que en algunos casos incluso rechazan discutirlo por miedo a perder los estribos.

El debate permaneció activo unos días con opiniones enfrentadas —como siempre que se plantea un cambio de paradigma en cualquier grupo, sociedad o industria cultural— y como pasa siempre, se quedó en nada. Pero yo, que soy mucho menos simpático que Pedro y tengo mayor facilidad para crearme enemigos lo quiero llevar más allá. No me importa las críticas que reciba, creo que hay que empezar a hablar con cifras y casos reales para explicarle a la gente el nuevo modelo. Luego cada uno es libre de elegir la opción que más le encaje.

Los números de Valentina

Vayamos al lío, veamos lo que me escribió Pedro el 23 de marzo de 2013:

Fecha de lanzamiento: 3 de abril de 2012
Fecha de la muestra de datos: 23 de marzo de 2013
Número de descargas: 114.206
Número de donaciones: 818
Donación máxima: 60 $
Donación mínima: 1 $
Recaudación aproximada: 5.000 $

Sí, has leído bien: en un año Valentina ha generado más de 100.000 descargas y 5.000 $ de ingresos (420$ al mes); y subiendo. Además ha recibido menciones y premios con lo que habría que sumarle un beneficio intangible en marca personal. Pedro Arilla, después de Valentina, vale más que antes.

Actualización 9/01/2015: han pasado ya dos años y medio y Valentina ha sido descargada 250.000 veces, generando 10.000$ a una media de 5$ cada una.

La pregunta que te estarás haciendo es ¿cuánto gana un diseñador que opta por vender sus tipografía a precio de mercado (entre 30 y 50$ por peso)? Le he hecho esa misma pregunta —de manera informal— a dos de los 5 mejores diseñadores de tipografía de nuestro país y la respuesta es la siguiente: unos 500€ al mes salvo las épocas de lanzamiento en que suben a unos 1.000€. Y estamos hablando de gente con varias tipografías en el mercado. A falta de un estudio más serio me atrevo a decir que las cifras son similares. ¿Sorprendido? Yo no, éste no es un caso aislado, se trata de una fórmula que funciona. Sólo hay una pega: tienes que crear una tipografía de buena calidad para conseguirlo. No vale cualquier cosa.

¿Cuánto vale entonces Valentina?

No es lo mismo lo que cuesta un producto que lo que vale. En algunas industrias culturales ya han alcanzado la paridad (como la música con las canciones a 1$ gracias a Steve Jobs), pero no puedo decir lo mismo de la nuestra. Sobre el precio medio de Valentina Pedro me escribía:

Grosso modo puedo atreverme a decir que el 90% de las donaciones ha sido de 5 €, lo que nos da el valor real de una tipografía de un solo peso de las características de Valentina. La donación media rondará los 6 dólares porque si que ha habido mucha gente que ha donado 10 y bastantes que han donado 20, pero como te digo la inmensísima mayoría ha valorado que Valentina costaba 5 dólares.

5 dólares. Eso es lo que vale Valentina. Ese es el precio que debería tener en una distribución de pago por copia. Ése es el precio que deberían tener las tipografías en mi opinión (me refiero a cada peso), igualándose así a lo que debería costar una novela en formato elctrónico (en ello estamos, de hecho es el precio que quería poner Steve Jobs en su iBook Store y no lo consiguió). De hecho el movimiento ya ha empezado: desde hace dos o tres meses no paro de ver ofertas en muchas tipografías que acaban costando 5$. ¿Será que han bajado las ventas?

Conclusiones

Si te animas a hacer tu primera tipografía imita el sistema de Valentina; en un año sabrás si tu producto es viable y en cuánto valora tu audiencia tu producto. Si te sale bien como a Pedro puedes explorar otras opciones. Pronto te las contaré.

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¿Puedo usar la tipografía Helvetica en mi web?

Helvetica_rojo

Ah, la Helvetica, la tipografía que los diseñadores amamos amar… siempre que doy clases de diseño web llegamos al mismo punto: los alumnos se dan cuenta de que es una tipografía elegante, versátil y omnipresente pero en sus versiones de Windows (salvo el Vista que sí la llevaba) no aparece.

Profeeeee, ¿podemos descargar y usar la Helvetica en nuestra web?

Si tú te haces la misma pregunta y no leiste mi anterior entrada “¿Debo pagar por usar una fuente en mi proyecto?” has aterrizado en el sitio correcto; voy a compartir contigo un reciente descubrimiento que no le va a hacer ninguna gracia a los señores de Linotype (ahora propiedad de Monotype, quién se lo iba a decir en su día) y que no viola ninguna ley de la propiedad intelectual. Pero vayamos por pasos:

¿Puedo usar la Helvetica que venía en mi Mac para mi web?

Si te refieres a instalarla en tu servidor y usarla con @fontface la respuesta es NO. Puedes usar la Helvetica de tu Mac para un cartel y cualquier otro trabajo comercial pero no puedes pasársela a nadie: ni al impresor ni al copistero, y eso incluye dejarla en un servidor para que todo el mundo se la descargue.

Lo que sí puedes hacer es una imagen en jpg —como he hecho yo en la cabecera de la entrada— o establecer la Helvetica como la primera opción de una font stack. Si el usuario la tiene instalada el navegador la usará, de lo contrario pasará a la siguiente opción de la lista (que suele ser Arial o un genérico como Sans Serif).

¿Puedo descargarla por ahí?

Hay infinidad de sitios web donde puedes descargarte una copia ilegal de la Helvetica para instalarla en tu servidor. Eso no se debe hacer bajo ningún concepto —siempre he defendido que los alumnos deben probar las mejores tipografías aunque no tengan dinero para comprarlas, pero en un contexto determinado: en clase y en los proyectos de la carrera, nunca para trabajos profesionales— por dos razones: es un delito y nunca sabes si te puedes fiar de lo que bajas.

En ese caso ¿hay alguna alternativa a la Helvetica que se parezca y sea gratuita? Esa es la buena noticia, he encontrado las siguientes opciones:

  1. Nimbus Sans L, se distribuye bajo una licencia GNU y puedes hacer con ella lo que quieras; suele venir instalada en los Linux. Idéntica a la Helvetica, se trata de un clon que hizo URW en 1987 en plena batalla contra el monopolio de Adobe y sus tipos PostScript. En aquella época copiarse tipografías de unas fundiciones a otras era el pan nuestro de cada día y nadia protestaba.
    Nimbus Sans L
  2. Free Sans, también con licencia GNU, es una desarrollo de la Nimbus Sans L con un juego de caracteres más amplio. El aspecto es el mismo.
    Nimbus Sans L
  3. Liberation Sans, en este caso el parecido es menor y menos criticable, creo que es tu opción si las dos anteriores te parecen demasiado bestias.Liberation Sans

Espero haberte servido de ayuda, comparte esta entrada si ha sido así, por favor.

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¿Debo pagar por usar una fuente en mi proyecto?

Se trata de una de las preguntas más frecuentes que me hacen mis alumnos, tanto de grado como de máster. El desconocimiento sobre las leyes de derechos de autor y copyright/copyleft es generalizado, yo mismo me encuentro bombardeando a preguntas a mi cuñado —abogado el pobre, lo tengo frito— porque el tema se las trae.

Voy a intentar sintetizar lo que tengo claro hasta la fecha; pido disculpas si cometo algún error o no explico bien alguno de los puntos, aprovecha los comentarios para pedir las aclaraciones oportunas.

Nociones previas

Por el mero hecho de crear una tipografía tienes derechos de autor (morales y patrimoniales) sobre tu obra. Los morales son irrenunciables y jamás caducan: las meninas las pintó Velázquez y debemos citarlo siempre que lo reproduzcamos; los derechos patrimoniales —es decir, los derechos sobre la reproducción y explotación de tu obra, también llamados copyright— son otro cantar: se pueden vender, alquilar o regalar y tienen una validez que depende del país donde te encuentres, pero aviso que el mínimo es de 50 años desde que mueres y en Europa 70 (bueno, hasta que se cumplan los 70 años de la muerte de Walt Disney y los vuelvan a ampliar por enésima vez). Pasado ese tiempo tu obra pasa a dominio público y cualquiera puede reproducir, copiar y versionar tu creación sin consultarte ni darte un euro.

Existe un movimiento llamado copyleft (en oposición a copyright) que cuenta cada vez con más empuje, usuarios y apoyos por parte de los artistas y creadores. Se basa en permitir la libre distribución de copias y a veces versiones de tus obras sin control alguno o limitando sólo algunos de los derechos de autor; quizás hayas oído hablar de las 6 licencias Creative Commons, por ejemplo, que van desde la libertad absoluta —Atribución (CC BY), que significa: modifica lo que quieras, cambia la licencia de la obra resultante o véndela,  pero cítame— hasta una libertad relativa —Atribución-NoComercial-NoDerivadas (CC BY-NC-ND), que significa: cítame, no modifiques nada y no vendas mi obra—.

Averigua el tipo de licencia que usa la fuente en cuestión

Las tipografías en el entorno digital se tratan como cualquier software y las consigues con una licencia de uso; no son tuyas pero “compras” o te “regalan” el derecho a usarlas en n ordenadores. Por eso lo primero que tienes que hacer para saber si puedes usar una tipografía en un proyecto es averiguar el tipo de licencia (si la documentación está en inglés busca la palabra EULA) y actuar en consecuencia, de lo contrario estarás cometiendo un delito.

Mis alumnos se mueven normalmente en dos escenarios: tienen fuentes que venían instaladas con su sistema operativo o con un paquete informático (habitualmente el Office y el Adobe Creative Suite) o se han bajado algo de Dafont —por favor, no lo hagáis, es peligroso para vuestra salud mental— y con un poco de suerte de FontSquirrel o Google Fonts —de aquí sí, chicos—.

En el primer caso, si el sistema operativo o el paquete de aplicaciones no es pirata, has adquirido licencias de uso de las tipografías que se han instalado automáticamente (aprovecha y revisa si te has dejado alguna por instalar que a veces pasa) y puedes usarlas para diseñar y cobrar “casi” lo que quieras. La excepción es la siguiente: no puedes instalar la fuente en un servidor para usarla en tu página web —aunque sí puedes hacer una imagen jpg o similar usando esa tipografía— porque cualquiera podría descargársela.

Por lo tanto a la pregunta típica: “¿Puedo instalar la Helvetica en mi servidor?” la respuesta es no, salvo que compres una licencia web para la Helvetica. Sin embargo puedes hacer un cartel o una camiseta y venderlos sin problemas. Si la tipografía es gratuita tendrá una licencia copyleft (Creative Commons, Apache, SIL Open Font License o GNU, aunque hay más) donde podrás leer qué puedes hacer con ella pero lo normal es que te permita hacer casi lo que quieras (como mucho te prohibirá venderla o cambiarle el tipo de licencia a la versión que hagas de ella).

Si no tienes licencia de uso, no la uses

Está feo, si un diseñador pasa cientos de horas creando una tipografía y le pone un precio, debes respetarlo. No uses su trabajo para un proyecto que luego vayas a cobrar, eso no se hace; distinto es si estás estudiando y haciendo trabajos no comerciales, entonces te recomiendo que te bajes y pruebes todo lo que pilles, bébete todo el vino que puedas hasta que seas capaz de distinguirlos y nombrarlos de memoria. Eso sí, cuando pases a profesional, ve comprando las tipografías que uses en tus trabajos; piratéalas sólo para probarlas. Es un delito pero si vas comprando poco a poco no te va a pasar nada; si le echas demasiado morro entonces te mereces todo lo que te pase. Así es como lo veo yo y he cosechado algunas enemistades por defender mi postura públicamente pero creo que hay que mojarse, en esto no caben medias tintas.

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La tipografía más cara del mundo

Hoy por hoy no existe un precio estándar para una tipografía comercial: echa un vistazo a las más vendidas de las dos grandes fundiciones que existen actualmente, MyFonts (Monotype) y FontShop, y verás que la horquilla para un peso oscila entre 20 y 50$, con no pocas excepciones por encima y por debajo. Sin haber hecho una estadística seria me atrevería a decir que el promedio ronda los 25$ (22€) para una display y 50$ (38€) para una tipo de texto y que baja cuando compras la familia completa, cuyo precio suele estar sobre los 200-300$. Hablo de lo más habitual porque hay diferentes estrategias para fijar los precios que abordaremos en una entrada aparte.

Best-Sellers-MyFonts

Este precio es notablemente inferior al de las tipografías en plomo o para fotocomposición, y me da la sensación que ha bajado en los últimos 5 años debido a la adopción del modelo de distribución 100% online y la consecuente disminución de costes. No obstante es fácil encontrar productos que rompen todos los registros de precios por familia y por peso:

  1. Univers Next (Adrian Frutiger para Linotype) | 4.479€ por 63 variantes | 71€ cada una
  2. Lexicon (Bram de Does para TEFF) | 3.592€ por 24 variantes | 150€ cada una
  3. Fleischmann (Erhard Kaiser para DTL) | 3.510€ por 30 variantes | 117€ cada una
  4. Trinité (Bram de Does para TEFF) | 3.368€ por 23 variantes | 146€ cada una
  5. Benton Sans (Cyrus Highsmith y Tobias Frere-Jones para Font Bureau) | 3.200€ por 128 variantes | 25€ cada una
  6. ProKyon (Erhard Kaiser para DTL) | 1.800€ por 8 variantes | 225€ cada una
  7. Puesto de honor: Bodoni Ritalic | 5.000$ por un peso. Su autor tira de ironía y la ofrece cíclicamente con un 99% de descuento con lo que estrictamante no debería estar aquí. Sin embargo me ha parecido tan genial que no he podido resistirme.

Este ranking mezcla dos estrategias distintas: Univers Next y Benton Sans son caras por tener multitud de variantes dentro de la familia tipográfica, mientras que el resto lo son por tener unos precios por unidad muy altos.

Como siempre voy a mojarme: los precios de esta lista son escandalosos y están fuera de lugar (siempre desde mi humilde opinión). Las tipografías, como ya están haciendo el resto de productos digitales (libros, música, películas y programas informáticos), han de encontrar un precio que se ajuste mejor al valor de la copia digital, que está muy cerca del cero. Por esta razón las ventas de música se dispararon cuando Steve Jobs logró convencer a parte de la industria de vender las canciones separadas y a un dólar. Ese es también el precio barrera que tienen las aplicaciones para telefonía móvil, mientras que los libros y las películas son un poco más caros y en mi opinión todavía no han encontrado la solución que necesitan (un alquiler online de una peli es más caro —3/4€— que ir al videoclub —1/2€— y un libro puede costarte lo mismo que en papel, aunque ya hay numerosos casos de éxito con precios de 3 a 5 €).

Conclusión: aunque la tipografía no es un producto de masas como la música o el cine debe encontrar un precio ajustado al valor que percibe el cliente; en ese sentido hay que aplaudir la evolución de los precios en los últimos años y también me gustaría citar un caso que debería ser un ejemplo de cómo hacer las cosas: la MUSEO de Jos Buivenga, que optó por un modelo freemium, regalando algunos pesos de su familia y cobrando el resto a un precio inferior a la media del mercado (16,50$ por peso y 69$ por la familia de 10 variantes, a 6,9$ cada fuente). Con esta estrategia ha conseguido colocar un diseño bastante mediocre en todos los ranking de más vendidas, a base de aparecer en casi la mitad de páginas web que se han hecho en los cuatro últimos años, poniéndola de moda y aumentando su demanda.

Porque el objetivo, no lo olvidemos, es conseguir que aumente el número de clientes que compran tipografías, y eso no se consigue ni subiendo precios, ni acusando al cliente de piratería, ni persiguiendo la distribución ilegal. Se consigue fijando un precio que sea lógico y poniendo al alcance del público parte de tu trabajo para que lo pruebe y lo use sin restricciones. Ya se ha hecho antes con éxito en otras industrias y me parece razonable para la nuestra.

Gracias por leerme.

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Documental sobre la piratería en las escuelas de diseño

Interesante trabajo de Danielle Hall sobre la cultura tipográfica en las escuelas de diseño, enfocado en la piratería por parte de los estudiantes. Se titula “Young Type Lovers Anonymous“:

Danielle es una recién licenciada de la Parson’s School de Nueva York. El documental parece un trabajo de fin de carrera; viene de una encuesta que hizo entre sus compañeros:

Mi opinión sobre el documental: no me queda claro de qué lado está Danielle; aún no sé si le parece bien o mal que los estudiantes aprendan tipografía con fuentes que no han comprado. Más bien parece que reparta culpas entre los profesores que no explican las licencias y la parte legal de todo trabajo intelectual y las fundiciones y diseñadores de tipos que mantienen precios inasequibles y una actitud distante con sus futuros clientes. La propia Danielle explica que sólo quiere empezar el debate, pero contar una historia sin moraleja nunca me ha parecido buena idea —será que aún soy analógico—.

Yo sí me voy a mojar, y de ese modo empezamos el debate. Ahí van unas ideas sin ordenar:

  1. Me parece lógico, deseable, justo y bueno que los estudiantes se descarguen fuentes para probarlas, conocerlas y enamorarse de ellas; de todos modos no van a lucrarse con sus trabajos;
  2. Cuando esos estudiantes sean profesionales, querrán comprar las tipos que aman, de modo que es bueno para el negocio;
  3. Por lo tanto creo que sería más inteligente por parte de la industria facilitar el acceso de los estudiantes a sus colecciones, siempre a condición de no usarlas para trabajos profesionales;
  4. No me parece bien que los profesores no expliquen la industria del Copyright y sus alternativas;
  5. Para que un alumno entienda el valor —monetario, se entiende— de una tipografía no hay que obligarle a comprarla, ni prohibir Google Fonts, ni subir de precio la tipografía: basta con enseñarle y encargarle que haga una. Sólo así se planteará comprarlas en el futuro;
  6. La industria debe admitir cuanto antes que hay un sector del mercado que jamás comprará una de sus fuentes, y que por lo tanto deben olvidarse de ellos puesto que no son clientes. Sus clientes son lo importante y deben cuidarlos y hacer crecer su número a través de la persuasión y la educación, no de la persecución y la amenaza. En ese sentido Google Fonts es su mayor aliado, aunque lo vean como su mayor enemigo;
  7. Nuestro código penal debería adoptar de inmediato el concepto “fair use” que aplican los americanos para discernir si hay o no un perjuicio/infracción de los derechos de autor. Para cualquiera con sentido común no es lo mismo cobrar por un cartel hecho con un Adobe Creative Suite pirata, imágenes piratas y fuentes piratas que ponerle una canción de —ponga aquí su grupo favorito— a un vídeo casero de tu hija y subirlo a Youtube. Pero ambos son un delito con la legislación española en la mano.

Lo dejo aquí porque me gusta el número 7, pero seguiría escribiendo hasta llegar al 100 si tuviera tiempo; espero vuestros comentarios, gracias por leerme.

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Participación en el Congreso de Tipografía de Valencia

El pasado junio se celebró el 5º Congreso Internacional de Tipografía, un encuentro bianual que se celebra siempre en las instalaciones de la EASD de Valencia.

En esta ocasión, además de participar con una ponencia sobre hinting en pantallas de alta resolución, tuve el honor de participar en la mesa redonda “Derechos de autor en el sector tipográfico” junto con Dave Crossland y Eva Caro. Moderaba mi estimado colega Ángel Álvarez.

Varios comentarios que he podido leer (por ejemplo en Don Serifa y Huchagráfica) apuntan en la misma dirección: faltaba en la mesa una voz pro-copyright; yo estoy de acuerdo y así se lo hice saber a Ángel mientras preparábamos la intervención semanas antes del congreso. Me habría gustado dar mas voz a alguno de los diseñadores de tipos comerciales que conocemos pero en fin, no pudo ser —donde manda patrón no manda marinero—. De todas formas creo que salió bien, y de largo fue la actividad que más preguntas generó; allí nos habríamos quedado una hora más si hubiéramos podido.

La lástima es que algunos de los presentes llevaron el debate a un terreno personal y el tono iba subiendo de temperatura por momentos. Creo que es natural, muchos de mis colegas se ganan la vida —al menos parcialmente— con la venta de sus tipografías y valoran la aparición de Google Fonts y el nuevo sistema de distribución como una amenaza más que como una oportunidad. En estos momentos es cuando hay que ser más amable y más cuidadoso al explicar nuestras posiciones porque los nervios están a flor de piel. Aún así, al acabar la mesa me quedé con la sensación de tener algunos enemigos más que antes —eso no es necesariamente malo, pero es cierto que deja mal sabor de boca— pero tengo la esperanza de ir encontrando el necesario equilibrio entre las dos posiciones. Ojalá lo vea con mis propios ojos.

Gracias por leerme.

 

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